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Panamá como hub de hidrógeno verde y el papel del Canal

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hidrógeno
El Canal de Panamá fue testigo recientemente del tránsito del Energy Observer, el primer barco de propulsión eléctrica que funciona con una combinación de energías renovables y un sistema de producción de hidrógeno a partir del agua de mar.

 

Solo puede uno preguntarse, ¿es esta maravilla de fuentes renovables, basada en hidrógeno, un ejemplo factible para el mundo? En este documento exploraremos los tres “por qué” y “cómo”, que explican la posibilidad de un futuro basado en el hidrógeno y fuentes de energía renovables. Además, identificaremos el papel que juegan en este escenario Panamá, como país, y el Canal, que justamente acaba de anunciar la neutralidad de carbono para el año 2030.

¿Por qué el hidrógeno?

Compromisos internacionales, como el acuerdo de París, que buscan limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2 grados Celsius por encima de los niveles pre-industriales, han llevado a los países a comprometerse con aumentar la cantidad de energía de fuentes renovables. Más energía renovable crea una demanda de almacenamiento para poder guardarla cuando está disponible y consumirla cuando se necesita, ya que los recursos como la luz solar y el viento son intermitentes.

Hay dos tecnologías principales para el almacenamiento en proyecciones futuras: baterías e hidrógeno. Aunque a menudo se presentan como competidores, son de hecho complementarios porque tienen diferentes aplicaciones: las baterías se utilizan en el transporte y la energía de respaldo, mientras que el hidrógeno se utiliza en transporte marítimo, aviación e industrias.

¡Un kilogramo de hidrógeno contiene alrededor de tres veces más energía que un kilogramo de GNL (gas natural licuado), gasolina o diésel! Esto lo hace un combustible altamente deseable, pero es difícil de obtener, ya que en la Tierra no existe el hidrógeno puro. Se le debe administrar energía a moléculas que lo contengan para poder “producirlo”.

En el presente, casi todo el hidrógeno se suministra con combustibles fósiles y es conocido como hidrógeno gris. A diferencia del hidrógeno gris, el hidrógeno verde se produce separando el agua en oxígeno e hidrógeno, usando electricidad (electrólisis) procedente de fuentes renovables. Este proceso no emite dióxido de carbono.

Los costos del hidrógeno verde variarán con el potencial de las energías renovables: un mayor potencial representa un costo menor, lo que le da una ventaja a países como Panamá. Una industria ampliada y una normativa apropiada podrían producir hidrógeno verde por un costo de 2 $/kg en 2030 y 1 $/kg para el 2050 en muchas partes del mundo, según análisis independientes de Bloomberg New Energy Finance, S&P Global Platts e IRENA (International Renewable Energy Agency, por sus siglas en inglés). Estos precios harían al hidrógeno altamente competitivo en comparación con cualquier proyección de costos de combustibles fósiles.

¿Por qué funcionará esta vez?

El hidrógeno ha sido explorado en varias iteraciones en el pasado, desde antes de la Segunda Guerra Mundial, luego nuevamente en las décadas de 1970 y 2000. En ese entonces la viabilidad era baja. Ahora, que ya estamos experimentando de primera mano las consecuencias del cambio climático y que ha habido un salto significativo en la tecnología de energía limpia, se crea un momento interesante en la historia.

Reducir las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) ahora tiene un retorno de la inversión bueno (y mejorando), con diversos beneficios adicionales prometedores, como el financiamiento verde, mercados de carbono, impuestos sobre emisiones o costos diferenciados según fuente de origen de la energía.

¿Por qué Panamá?

En el contexto geopolítico actual, Panamá ya es un hub marítimo, hub aéreo, hub financiero, entre otros ámbitos. El potencial de convertirse en un hub energético ya ha sido identificado y explorado para distintos propósitos . Esta misma posición geográfica se presta para servir de conexión entre los centros de producción de hidrógeno y los consumidores de mayor demanda.

Por ejemplo, según la hoja de ruta de la Unión Europea, el potencial de importación de esta región es de uno a tres millones de toneladas de hidrógeno verde por año para el 2030, lo cual abre las puertas para un mercado que balancee el costo de producción, el almacenamiento y el transporte. A su vez, Chile anunció que tendrá el hidrógeno más barato del planeta, también para el 2030.

Esto coloca al Canal de Panamá en una situación ventajosa ya que en este momento, la ruta de costa oeste de Sur América a Europa ya representa un 6% de la carga que pasa por la vía interoceánica (año fiscal 2020). Este es un ejemplo hipotético de varios que se podrían desarrollar, ya que así mismo varios países, como Japón y Corea del Sur, han anunciado que serán importadores de hidrógeno verde. El cambio de centros de producción en el mercado energético podrá trazar nuevas rutas que establezcan el tránsito de hidrógeno por el Canal.

La creación del H2ub Verde Panamá permitiría la creación de sectores de “blending” para el GNL, refinería de combustibles como diésel y plantas de amoníaco para uso en buques. Todos estos sub mercados del hidrógeno verde permitirían abastecer a la aviación con combustible sintético con hidrógeno, transporte marítimo internacional con amoníaco y al transporte terrestre con combustibles de menor contenido de azufre. Siendo un hub geográfico, estos subproductos del hidrógeno se distribuirían a la región.

¿Cómo podemos prepararnos?

La versatilidad del hidrógeno está atrayendo fondos para investigación de un grupo diverso de entidades multilaterales, gobiernos y empresas. Debemos aprovechar estos fondos para conocer la factibilidad de este hub de hidrógeno y cadena de valor asociada al mismo.

Se debe evaluar la creación de una estrategia nacional de hidrógeno, incentivos priorizados y posibles proyectos piloto. La acción temprana en el lado de las políticas ha demostrado ser efectiva para la adopción de otras tecnologías y debe replicarse para el hidrógeno verde.

¿Cómo implementar este cambio?

La IEA ha identificado cuatro oportunidades, todas favorables para el Canal de Panamá, para aumentar la oferta y la demanda de hidrógeno, basándose en las industrias, la infraestructura y las políticas existentes:

  1. Utilizar los centros marítimos existentes como centros regionales de distribución de hidrógeno, para aumentar el uso de combustible limpio en áreas con bajo potencial de energía renovable.
  2. Los gasoductos de GNL, etano, butano o propano en etapas de planificación, deben considerar una transición futura al hidrógeno para aprovechar con éxito dos periodos favorables en el mercado energético usando el mismo activo físico.
  3. Asegurar un consumo base. “Constrúyelo y ellos vendrán”, no es una forma inteligente de invertir y crea un riesgo innecesario. Una demanda auto generada saludable sostendría la industria en tiempos de dificultades en el comercio global.
  4. Utilizar los canales de entendimiento en el comercio marítimo ya existentes, para participar en las primeras rutas de transporte de hidrógeno. El éxito temprano podría acelerar la transición.

¿Cómo dar el primer paso?

Costa Rica, Colombia y 30 países más ya tienen o están trabajando en sus estrategias nacionales de hidrógeno, mientras que Chile ya ha dedicado 12,000 hectáreas de la región de Atacama para desarrollar la industria del hidrógeno. La situación está madura para una investigación y un estudio de viabilidad financiera y técnica, identificando las posibles oportunidades y barreras. Tener una estrategia clara permitiría tomar una decisión calculada en cuanto al tiempo, escala y alcance, minimizando el riesgo y maximizando la generación de valor para los grupos de interés.

Fuente: El Faro del Canal

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